Del asombro a la innovación: Atarraya STEM un modelo educativo desde Uniandes
En un momento en el que la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (áreas STEM) enfrenta desafíos profundos —desde la desmotivación estudiantil hasta la dificultad para conectar los contenidos con la vida real— surgen preguntas que no son menores: ¿cómo lograr que las áreas STEM vuelvan a ser significativas para quienes las aprenden?, ¿cómo formar personas que no solo comprendan fenómenos, sino que también sean capaces de intervenir en ellos con criterio, creatividad y responsabilidad?
Desde la Universidad de los Andes, Atarraya STEM propone una respuesta concreta a estas preguntas, no desde la teoría únicamente, sino desde el diseño de experiencias reales de aprendizaje. Más que un programa, Atarraya se configura como un modelo educativo que ha sido pensado, probado y ajustado en contextos escolares, con un propósito claro: transformar la relación de estudiantes con las disciplinas STEM. En el centro de esta propuesta está el “viaje Atarraya STEM”, una arquitectura pedagógica progresiva que articula emoción, conocimiento y acción en un mismo proceso formativo.
Este viaje parte de una premisa que ha sido ampliamente respaldada por la investigación educativa, pero que no siempre se traduce en la práctica escolar: el aprendizaje no comienza con la transmisión de contenidos, sino con la curiosidad y el interés. Este tipo de experiencias es consistente con enfoques actuales que resaltan la importancia de generar participación activa, compromiso afectivo y sentido de relevancia para sostener el interés en las áreas STEM (OECD, 2025; Archer et al., 2020). En ese sentido, la primera etapa, Magia STEM, no busca enseñar conceptos de manera directa, sino generar una interrupción en la forma habitual de percibir la clase. A través de experiencias escénicas diseñadas para el aula, y lideradas por Magos y Magas STEM formados para el proyecto, se provoca asombro, se despiertan preguntas y se instala una idea fundamental: aquello que parece inexplicable puede ser comprendido. Este momento inicial no es accesorio, es estratégico, porque abre la disposición necesaria para aprender y explorar.
Sin embargo, el modelo no se queda en la emoción. El paso siguiente, Excursiones STEM, amplía el escenario del aprendizaje y lo sitúa en contextos reales donde la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas están en acción. Al visitar laboratorios, empresas, centros de investigación o espacios universitarios, las y los estudiantes pueden observar cómo el conocimiento se produce, se aplica y tiene impacto en la sociedad. Estas experiencias no ocurren de manera aislada, sino que se articulan con el trabajo en el aula, donde docentes retoman lo vivido para profundizar, discutir y conectar con los aprendizajes con el currículo. Al mismo tiempo, el diseño de las excursiones incorpora intencionalmente una perspectiva de inclusión procurando que quienes guían las experiencias representen diversidad de referentes; por ejemplo, promoviendo la participación de mujeres en contextos tradicionalmente masculinizados y viceversa. De esta manera no solo se amplía la comprensión de las áreas STEM, sino también las posibilidades de identificación, pertenencia y proyecto de vida para quienes participan.
A partir de ahí, el viaje da un giro fundamental: deja de centrarse en la observación y se orienta hacia la acción. En las Rutas STEM, el aprendizaje se organiza alrededor de problemáticas reales del territorio colombiano, lo que implica trabajar desde la transdisciplinariedad y el pensamiento sistémico. En este espacio, las y los estudiantes investigan, analizan información, discuten ideas, construyen prototipos y toman decisiones de manera colaborativa. Lo que ocurre aquí no es solo una aplicación de conocimientos, sino un cambio en la forma de relacionarse con ellos: la ciencia se convierte en una herramienta para comprender y transformar el entorno.
Este proceso se profundiza aún más en los Retos STEM, donde aparece una dimensión adicional: la capacidad de diseñar soluciones inspiradas en la naturaleza. A través de la biomímesis, las y los estudiantes aprenden a observar sistemas biológicos, identificar funciones y estrategias, y traducir esos principios en posibles respuestas a retos que enfrenta la humanidad. Este enfoque no solo potencia la creatividad y el pensamiento científico, sino que también introduce una mirada distinta sobre la innovación, una que reconoce en la naturaleza una fuente de aprendizaje para diseñar de manera más sostenible y consciente.
Finalmente, el recorrido alcanza su mayor nivel de complejidad en Biodiseño en Colegios, donde convergen ciencia, diseño, tecnología y reflexión ética. En esta etapa, el aprendizaje se orienta hacia la creación de soluciones que no solo sean técnicamente viables, sino también pertinentes en términos sociales y ambientales. Las y los estudiantes desarrollan procesos de investigación, ideación, prototipado y evaluación, con el acompañamiento de docentes que asumen un rol de mentoría. En este punto, la experiencia ya no se limita a aprender sobre el mundo, sino que se proyecta hacia la posibilidad de intervenir en él de manera informada y responsable.
Lo que distingue a este modelo no es únicamente la riqueza de cada una de sus etapas, sino la forma en que están articuladas. El viaje Atarraya STEM no responde a una lógica fragmentada, sino a una secuencia intencional donde cada experiencia prepara la siguiente. El asombro inicial se convierte en curiosidad, la curiosidad en exploración, la exploración en acción y la acción en diseño. Esta progresión permite que el aprendizaje se construya de manera acumulativa, fortaleciendo no solo conocimientos, sino también confianza, sentido de pertenencia y capacidad de agencia.
Desde la perspectiva de la Universidad de los Andes, Atarraya STEM representa también una forma de asumir un rol activo en la transformación de la educación en el país. Más allá de generar conocimiento, el proyecto diseña e implementa propuestas pedagógicas en contextos reales, integrando investigación, innovación y práctica educativa. En este sentido, funciona como un puente entre la universidad y la escuela, donde los aprendizajes no solo circulan, sino que se ponen a prueba, se ajustan y se enriquecen a partir de la experiencia.
Al mismo tiempo, este modelo abre múltiples posibilidades de vinculación para la comunidad Uniandina. Estudiantes universitarios pueden participar como talleristas, mentores o investigadores, conectando sus saberes disciplinares con contextos educativos reales. Docentes pueden explorar nuevas metodologías y trasladar aprendizajes a sus propios espacios de enseñanza. Facultades y aliados pueden encontrar en Atarraya STEM un escenario para articular conocimiento académico con impacto social.
Hablar del viaje Atarraya STEM es, en última instancia, hablar de una apuesta por una educación STEM distinta. Una educación que no se limita a transmitir contenidos, sino que busca generar experiencias significativas, conectar con el contexto y formar personas capaces de comprender, cuestionar y transformar su realidad. Una educación que empieza en el asombro, pero que no se queda allí, sino que avanza hacia la acción y la construcción de futuros posibles.
Y es precisamente en esa transición —del asombro a la innovación— donde se encuentra su mayor potencial.